lunes 26 de enero de 2009

COLOSAL POLÉMICA



Ya sabemos en qué consistía el genio de Goya y, con ello, probablemente, el de cualquier gran autor.

Pinceladas sin luz ni volumen; incorrecciones en la perspectiva, proporciones y expresividad de las figuras no acordes a lo acostumbrado por el gran maestro. Realización superficial y acumulativa, con cantidad innecesaria de pinceladas, aplicadas con lentitud y titubeos, sin fluidez, propias de una técnica deshecha, propio de un proceso creativo lento e indeciso, para nada directo ni responde a un conocimiento claro de lo se persigue. Es más, que el Coloso se muestre de espaldas, con su rostro de perfil, medio oculto, un ojo cerrado, con pelo y barba y mostrando una pésima anatomía, son detalles que hacen imposible que el cuadro fuese pintado por Goya. Si, a todo esto, le sumamos el pequeño detalle de que el cuadro está firmado, por unas iniciales, A. J., ya lo tenemos todo claro: el cuadro es de un discípulo suyo, Asensio Julià, que, de acuerdo con lo que dice Manuela Mena, autora del estudio, no debía tener ni puta idea de pintar y no sé que "pintaba" con Goya.

Pero aunque la señora Mena sea la jefa de Conservación de Pintura del siglo XVIII y una experta en Goya, el señor Glendinning, hispanista inglés y, al parecer, buen conocedor también de la obra de Goya, afirma que todas los argumentos de la señora Mena son totalmente subjetivos y que todo su estudio se fundamenta en una premisa falsa: la supuesta firma, AJ, no es una firma, sino un simple número de inventario un tanto borroso, el 176.

Lo cierto es que el cuadro lleva en el museo del Prado desde 1931 y que en tiempos, fue admirado y concebido como la máxima expresión del Goya moderno, convirtiéndose en una de las obras más citadas y de las más populares y que, de unos años acá les ha dado a los expertos por discutir en torno a su autoría.

Más allá de esta colosal polémica, deberíamos ser positivos, pues creo que ya disponemos de las claves precisas para determinar cuando nos encontramos ante la obra de un genio: pinceladas con volumen, corrección en la perspectiva, proporciones y expresividad adecuadas, realización profunda y no acumulativa (?¡), con el número justo de pinceladas, aplicadas con rapidez y sin titubeo alguno, teniendo siempre claro qué se persigue, presentar a las figuras de frente, con los ojos bien abiertos, con un decente corte de pelo y afeitaditos y, por último, con la tan deseada "tableta de chocolate". Y, si el artista tiene el detalle de firmar decentemente el cuadro, entonces, no cabe la más mínima duda: estaremos ante la creación de un genio sin igual.

2 comentarios:

Natalia Pastor dijo...

Esto no acaba aquí:seguro que se entabla una polémica aún mayor entre partidarios de una opinión y otra.
No es con el primer cuadro que sucede,y luego se rectifica.

Lázaro dijo...

Sí, pero no me negarás que las conclusiones del estudio, por muy de especialistas que sea, tiene su "aquél". Eso del titubeo en las pinceladas... Ni que hubiese estado a su lado cuando lo pintó.