
Hay ocasiones en las que tienes un alumno en clase que parece que nunca está, aunque nunca falte.
Nunca habla, nunca pregunta, nunca hace ruido. Apenas te mira. Si alguien hace una gracia, no se ríe, o, si lo hace, no deja que nadie se entere. Si le duele algo o se siente mal, no será por él por quien los sepas. Si le pides la tarea, te la entrega, si la tiene, de lo contrario, ni se excusa. Si le preguntas, responde de la manera más breve posible o, simplemente, se esconde tras el socorrido "no sé".
Actúa igual que un alumno clandestino, ilegal, que no hubiese hecho los papeles de la matrícula. Hace todo lo que puede por pasar desapercibido. No reclama la más mínima atención ni pide explicaciones por una mala nota, aunque ésta se repita con sistemática insistencia.
Se limita a sentarse todos los días en el mismo pupitre y aguantar allí, estoicamente, impertérrito, todas las horas de clase que sean necesarias.
Tú te acostumbras a que sea así. No te da trabajo ninguno. Su disciplina es inmaculada, su educación impecable. Sus malas notas las achacas a que no estudia y a que no intenta entender nada de lo que se dice en clase. Tampoco ello es nuevo ni raro. Te quedas tranquilo, aunque no comprendas muy bien qué le hace seguir ahí, día tras día, aburrido como una ostra, sin perspectiva ninguna. Ni lo comprendes ni te preocupas. No le dedicas un segundo, no le preguntas por qué no estudia, no le cuestionas por qué no entiende. Sólo piensas: "uno más".
Entras, das tu clase, echas cuentas a quien te las reclama y al resto, y, particularmente, a los que son como él, procuras dejarles tranquilos, pues no te dan razones para incordiarles, ni deseas ser tú motivo de molestia.
Y así podría haber seguido este curso y el siguiente, si se lo hubiera propuesto. Sin faltar un sólo día... hasta el miércoles. Mañana tampoco vendrá. Hoy celebramos su funeral.
Él intentando pasar siempre de puntillas, y mira, al final, una mala tarde, un coche, una moto, un choque... ha conseguido que todos reparemos en él, ha logrado que me percate de lo poco que he intentado comprenderle y que me arrepienta sin remedio de la escasa atención que le presté y que ya no le podré dedicar. Mañana, cuando recoja sus libros, sabré que ya es demasiado tarde. Descanse en paz.


10 comentarios:
Ostras Lázaro, lo siento :( se me ocurren muchas cosas que decir, pero ninguna me parece adecuada, sólo... que lo siento, de veras :(
Cuídate mucho.
Un beso.
Hay un relato de Mario Benedetti,"Los invisibles", que habla sobre esto que comentas Lázaro: esas personas de tono gris,calladas,que no hacen ruido,que pasan desapercibidas y que un buen día reparas en que aquel señor o señorita del fondo,ya no está.
Lázaro lamento que hayas pasado por ese trance.
Si tienes más alumnos así, ojalá ésto te sirva para prestarles atención realmente.
Besos borrascosos y feliz semana
Gracias, Borrasca, gracias Natalia, gracias Vero. No os puedo decir mucho más. Besos.
Lázaro, me acabo de pasar por el blog de El de la Cueva y parece que ha cerrado la taberna. Sabes algo?
No Panta, no tengo ni idea y me ha dado pena. Parecía un tío majo. Además no conservo su correo ni sé cómo podría comunicarme con él. Él sí sabe cómo encontrarnos. Si le apetece, aquí andaremos. Aunque yo esté estos últimos días un poco ausente: ya sabes, final de trimestre, unos días de vacaciones... A partir del 14, caña de nuevo. Saludos, Panta.
Señó Lásaro. Ehte umirde subofisiás se prezenta pa lo custéh nesesite. Como dise nuehtro vonito hinno "La muerte no é er finás"
Susórdeneh
Sargento Sánches,es todo un honor, caballero.
HOla Lázaro.
Coincidimos a veces en el blog de Panta y en el de Vero pero nunca había venido a tu casa. No tengo mucho tiempo para prodigarme y ni siquiera puedo atender a los más allegados debidamente, como para meterme en más berenjenales... A veces leo un poco por encima a la gente que me llama la atención y normalmente no suelo comentar nada, porque no lo encuentre lo suficientemente interesante, porque no sea un tema que vaya conmigo o porque no soy de fichar por fichar y poner cualquier gilipollez para que el fulanito/a de turno me devuelva la visita (esto en concreto me repatea especialmente)...
Pero hoy he leído esta historia que cuentas de hace casi 1 mes, y tengo que decirte que he llorado. Lázaro, me muero de pena al pensar en ese chico. Cúanta gente pasa desapercibida por el mundo sin que nadie se percate de su existencia. Porque no destacan en nada, porque no quieren que se les vea... Y tienen que morirse prematura, trágicamente, como el tuyo, para que los demás les echen en falta...
Es tristísimo, ¡¡¡pero tan real¡¡¡
He sentido una pena inmensa. De esa que te remueve por dentro, sabes? Pobrecito. Me gustaría poder creer que hay un sitio después de morir donde estas personas encuentren su momento.
Gracias. Me ha encantado.
Novicia, gracias a ti, gracias por tus lágrimas.
Publicar un comentario en la entrada