Dado que ya vuelvo a llevar tiempo sin colgar nada, voy a aprovechar la ocasión para tocar dos temas diferentes en esta entrada. Mi inspiración, como tantas otras veces, procede de la radio. No es que esté todo el día con la oreja pegado a ella, pero debo reconocer que los solitarios desayunos que me deparo me permiten escuchar con atención y rescatar algún asuntillo para este rincón.
Bien, el primero de ellos tiene que ver con un congreso que se celebra en Ávila. Su tema son las enfermedades mentales, la psiquiatría, la mística, la religión... El entrevistado debía ser un sesudo profesor universitario, que estaba en el tinglado de la organización. En un momento dado, el periodista le pregunta si la fe religiosa puede ayudar a curar enfermedades, por ejemplo: si padeces cáncer y tienes fe, parece que las posibilidades de curación aumentan.
El profesor respondió que había estudios estadísticos que, de alguna manera, demuestran que la fe ayuda mucho en estos casos de cáncer, ya que permite sobrellevar con un grado mayor de convicción las devaluación de la calidad de vida sufrida, las penosa cotidianidad del enfermo de cáncer. Ahora bien, y aquí me dejó un poco fuera de juego, a renglón seguido dice que, el problema estriba en que la fe no se puede decidir tenerla o no, que ya la iglesia lo ha advertido con frecuencia, es un don y, por tanto, no depende de la voluntad del paciente el empezar a tener fe o no cuando ve las orejas al lobo. Vamos, que sólo funciona si la fe es sincera. Y el que lo sea, ¿de qué depende? ¿Es un don? Si es así, ya no sería fe, ella misma sería una prueba irrefutable de que algo trascendente nos la otorga como un don, con lo ya no sería una ciega creencia, que parece que es lo que una adecuada concepción de la fe exige. ¿Y los descreídos? ¿Tampoco nosotros hemos elegido nuestra opción libremente? ¿Será un don carecer de fe, aunque el precio sea palmar antes en caso de grave enfermedad? En fin, aquí lanzo el tema, para ver que opina el personal.
El segundo tema, va de política, por eso es el segundo. Esta mañana he escuchado la entrevista que le han hecho a alguien de CiU. El periodista le dice que hay analistas políticos que explican el pacto de CiU con PSC atendiendo al interés del primero por mantener en el gobierno a un débil Zapatero: cuanto más débil sea el gobierno central, más fuerte es el autonómico.
El representante político, ni recuerdo ni me importa quién era, contesta que es cierto que el gobierno Catalán ha obtenido mayor tajada (estos términos son, obviamente, míos) cuando ha habido un gobierno en minoría en Madrid. "Por tanto...", dice el pillo, no es nuestro deseo que el español sea un gobierno débil. Repárese en que la coherencia lógica resulta inexistente, pues el cinismo político que caracteriza a los profesionales de este negocio le impide resultar coherente; debería haber dicho "a pesar de ello....", pero es obvio que le da igual. Aquí dejo dos cuestiones al respetable: ¿es plausible pensar que a CiU le interesa mantener la agonía del Zapatero el mayor tiempo posible y de ahí su pacto? ¿No es una vergüenza que un político nacionalista reconozca públicamente y sin pudor alguno que a ellos les interesa siempre un gobierno débil en Madrid.






